Existen varias enfermedades oculares cuya incidencia se incrementa con la edad, que requieren un abordaje especializado. Pese a que las gafas y ayudas visuales pueden corregir o mitigar los déficits de visión, para muchas personas dependientes o con movilidad reducida resulta muy complejo desplazarse hasta un centro óptico para recibir la ayuda que precisan.
Como vimos en un artículo anterior sobre los cambios visuales asociados a la edad, el proceso de envejecimiento conlleva una serie de transformaciones habituales en el sistema visual, como la presbicia o vista cansada, la reducción de la agudeza visual, el incremento de la sensibilidad, la reducción del campo visual periférico o las alteraciones en la percepción de los colores.
Todas estas alteraciones deben abordarse de forma adecuada para evitar posibles consecuencias que limiten la autonomía, la seguridad y la calidad de vida de las personas mayores, y especialmente en el caso quienes se hallan en situación de dependencia o ven su movilidad reducida.
Patologías oculares frecuentes en la tercera edad
Pero más allá de estos cambios naturales asociados al envejecimiento fisiológico, existen varias enfermedades oculares cuya incidencia aumenta considerablemente con la edad, y que pueden suponer un importante menoscabo de la autonomía para las personas que las sufren.
Las cataratas constituyen la principal causa de ceguera reversible en el mundo, y se producen cuando el cristalino se vuelve opaco progresivamente, reduciendo la claridad de la visión. Se estima que más de la mitad de las personas mayores de 80 años padecen cataratas en algún grado.
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es un trastorno que afecta a la zona central de la retina, deteriorando la visión central y la capacidad de distinguir detalles finos, y constituye la primera causa de ceguera legal en personas mayores de 65 años en los países desarrollados.
El glaucoma, que ya abordamos en un artículo anterior en relación con la periodontitis, es un conjunto de enfermedades que dañan el nervio óptico, generalmente asociadas a una presión intraocular elevada. Su progresión es silenciosa y puede provocar una pérdida de visión periférica irreversible si no se detecta y trata a tiempo. Por último, la retinopatía diabética es una alteración que afecta a los vasos sanguíneos de la retina. Es una complicación frecuente entre las personas que sufren diabetes, cuya prevalencia es muy elevada entre las personas mayores.
Dificultades para la identificación del problema
Pese a que estos puedan parecer problemas visuales muy evidentes, no siempre resulta sencillo identificarlos, especialmente entre las personas que sufren algún tipo de deterioro cognitivo.
En primer lugar, debemos tener presente que estas personas tienen a menudo dificultades para expresar o identificar su propio deterioro visual. En el caso de quienes tienen deterioro cognitivo asociado, comunicar que ven peor puede resultarles difícil o imposible, de modo que el problema puede pasar inadvertido, incluso para los familiares o personas cuidadoras, durante mucho tiempo.
Por otra parte, el deterioro visual agrava directamente su situación de dependencia. Una persona con movilidad reducida que además tiene dificultades visuales ve incrementado su riesgo de caídas, de desorientación y de pérdida de autonomía en las actividades que aún puede realizar de forma independiente, como leer, ver la televisión o reconocer a sus familiares.
Además, la pérdida de visión tiene un impacto emocional y social muy relevante. Una visión deficitaria dificulta la comunicación, reduce las actividades de ocio y genera una sensación de aislamiento y pérdida de control sobre el entorno. En personas que ya tienen limitada su capacidad de interactuar con el mundo, este factor adicional puede contribuir significativamente a la aparición o el agravamiento de cuadros de depresión y ansiedad.
La necesidad de la óptica domiciliaria
Si bien estas patologías requieren un seguimiento y tratamiento especializados por parte de un oftalmólogo, en muchas ocasiones las gafas y ayudas visuales son una solución eficaz para corregir o mitigar muchos de los déficits de visión, que como hemos visto pueden suponer un importante obstáculo para la autonomía y el bienestar.
Pero como también sucede con las necesidades de atención bucodental o auditiva, para muchas personas dependientes o con problemas de movilidad resulta imposible o extremadamente dificultoso desplazarse hasta un centro óptico para recibir la atención que precisan.
Por este motivo en Lura Care, tal como hacemos con nuestros servicios de odontología y óptica, ofrecemos prestaciones de óptica domiciliaria para todas estas personas cuando tienen una necesidad de atención puntual, gracias a las alianzas con compañías especializadas.
Llevamos a cabo una valoración y propuesta personalizada sin coste ni compromiso, articulada en base a una comunicación telemática inicial para valorar el caso y resolver cualquier duda, y una posterior visita domiciliaria para poner disposición de los pacientes las mejores soluciones adaptadas a sus necesidades específicas.
Una vez se ha elegido la mejor solución, realizamos el envío de gafas o ayudas al lugar de residencia del paciente, ofreciendo además financiación flexible con opciones de pago fraccionado para facilitar el acceso a las prestaciones.
En Lura Care estamos comprometidos en que los problemas de movilidad no sean un obstáculo para acceder a las prestaciones ópticas que cualquier persona mayor o persona con diversidad funcional pueda necesitar, y en que puedan seguir llevando a cabo su vida cotidiana en las mejores condiciones posibles.
Si se desea más información sobre nuestros servicios de domiciliarios de óptica, odontología y audiología domiciliaria, se puede contactar con nosotros a través del correo info@luracare.es o bien llamando al teléfono 602 252 942; estaremos encantados de ayudar.

