Cambios en la visión asociados a la edad

Cambios visuales en la tercera edad

La visión es uno de los sentidos que con mayor frecuencia se ve afectado por el paso del tiempo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 80% de los casos de discapacidad visual en el mundo se concentran en personas mayores de 50 años.

A diferencia de lo que ocurre con otras condiciones de salud, los cambios en la visión se producen de forma gradual, por lo que muchas veces pasan inadvertidos durante mucho tiempo, hasta que el deterioro ya ha comprometido seriamente la capacidad funcional de la persona.

El estudio Pobreza visual en la tercera edad, elaborado por la asociación Visión y Vida con el apoyo de Acción Visión España y Correos Exprés, recoge que en España hay más de 10 millones de personas mayores de 65 años, lo que supone en torno al 20% de la población. Y de ellas, más de 8,3 millones necesitan gafas, en muchas ocasiones con necesidades que van más allá de las gafas monofocales básicas.

De estas cifras se desprende que la prevalencia de los problemas visuales asociados al envejecimiento representa uno de los grandes retos de salud pública de nuestro país, y que además adquiere una especial dimensión en situaciones de fragilidad, problemas de movilidad o dependencia.

El ojo humano experimenta una serie de transformaciones anatómicas y funcionales a lo largo de la vida que se van acentuando con la edad, entre las que destacan una serie de cambios muy habituales entre las personas mayores.

La presbicia o vista cansada es probablemente el más conocido. A partir de los 40 o 45 años, el cristalino pierde progresivamente su elasticidad, dificultando el enfoque de objetos cercanos. Aunque es fácilmente corregible con gafas, en personas dependientes puede quedar sin tratar durante años.

La reducción de la agudeza visual es otro cambio frecuente. Con la edad, la retina se vuelve menos sensible a la luz y disminuye la capacidad de distinguir detalles finos, lo que dificulta actividades cotidianas como leer, reconocer caras o moverse con seguridad en entornos poco familiares.

La sensibilidad al contraste y al deslumbramiento también se ve alterada. Las personas mayores necesitan más luz para ver con claridad, pero al mismo tiempo son más vulnerables a los reflejos y los cambios bruscos de iluminación, lo que puede desorientarlas y aumentar el riesgo de caídas.

La pérdida de campo visual periférico es otra consecuencia habitual del envejecimiento ocular. Una visión periférica reducida dificulta la detección de obstáculos laterales, con el consiguiente riesgo de tropiezos, caídas y otros accidentes.

Finalmente, la alteración en la percepción de los colores es frecuente. El cristalino se vuelve más amarillento con el tiempo, lo que dificulta la distinción entre tonos azules, verdes y morados, y puede afectar a la identificación de señales visuales, en ocasiones de enorme peligrosidad como en el caso de los medicamentos.

Para la población general, la mayoría de estos problemas visuales pueden abordarse con relativa facilidad, en muchas ocasiones con una simple visita al óptico o al oftalmólogo, que permite adoptar las medidas correctivas necesarias. Sin embargo, para las personas dependientes o con movilidad reducida esta situación puede ser muy diferente.

Estas alteraciones visuales pueden agravar su situación de dependencia, además de tener un impacto emocional y social muy relevante derivado de la pérdida de control sobre el entorno en el que se desenvuelven, las dificultades en la comunicación y la reducción de la participación en las actividades de ocio.

En Lura Care somos conscientes de que romper la barrera de la movilidad en el acceso a los servicios de salud es una necesidad social de primer orden. Por eso, además de nuestros servicios de salud bucodental y audiología, ofrecemos también servicios de óptica a nivel residencial.

Nuestros profesionales se desplazan hasta el lugar de residencia de los pacientes, ya sea una residencia o centro de día, para realizar revisiones visuales completas y adaptadas a las necesidades de las personas mayores y de las personas con diversidad funcional, e identificar las ayudas visuales que requieren.

De este modo, nos aseguramos de que puedan recibir la atención que merecen, sin necesidad de realizar desplazamientos que en muchos casos resultarían inviables o tremendamente difíciles.

Velar por una adecuada capacidad visual es una contribución directa a la autonomía, la seguridad y el bienestar de las personas mayores dependientes, y en Lura Care estamos firmemente convencidos de que no hay razón para que la movilidad reducida sea un obstáculo para ello.

Para más información sobre nuestros servicios de domiciliarios de óptica, salud bucodental o audiología, puedes contactar con nosotros a través del correo info@luracare.es, o bien llamando al teléfono 602 252 942, y nuestro equipo estará encantado de atenderte.

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