Cáncer oral: tipos y prevalencia

A medida que envejecemos, el cuerpo experimenta cambios que favorecen el aumento del riesgo de aparición de diversas enfermedades. Entre otras, la edad es un factor de riesgo para la aparición de diversos tipos de cáncer, cuya prevalencia aumenta entre las personas mayores asociado al envejecimiento de los tejidos y a la exposición a una mayor cantidad de cancerígenos a lo largo de la vida.

En relación a este último aspecto cabe destacar que la incidencia de las neoplasias malignas, las enfermedades en las que se presentan células anormales que se multiplican sin control y pueden invadir los tejidos cercanos, es mayor en los países desarrollados.

En torno al 70% de los casos de cáncer se desarrollan en edades avanzadas en países como Suecia o los Estados Unidos, mientras que el porcentaje apenas llega al 60% en países en vías de desarrollo. Y en España la incidencia se sitúa por encima de la media a nivel mundial, alcanzado los 4,4 casos por cada 100.000 habitantes.

La aparición de neoplasias aumenta a nivel general a partir de los 60 años, momento a partir del cual se registran el 75% de los mielomas múltiples, el 62% de los casos de leucemia, el 60% de los linfomas de Hodgkin y el 55% de los tumores orofaríngeos, un tipo de cáncer de cabeza y cuello. No obstante, existen diferencias por cuestión de género en el riesgo de aparición de cáncer: entre los 65 y los 85 años, la probabilidad se sitúa en torno al 23% en hombres y alrededor del 17% entre las mujeres.

El cáncer oral es uno de estos tipos de cáncer de cabeza y cuello, que se sitúa entre los 10 tipos más frecuentes a nivel mundial, y los tumores de la cavidad oral suponen en torno al 4% del total de tumores malignos. Uno de los principales riesgos es no detectarlo, ya que se puede confundir con otras alteraciones como herpes, llagas y aftas o inflamaciones de la boca.

Según la American Cancer Society, el más común de todos ellos es el carcinoma epidermoide o de células escamosas, que representa cerca del 90% de todos los casos de cáncer oral, y que comienza en formas tempranas de células escamosas planas, similares a escamas que forman el revestimiento de la boca y de la garganta.

Además del carcinoma epidermoide, en la cavidad oral pueden producirse otras alteraciones precancerosas o cancerosas. El único método para valorarlas es la biopsia del tejido, que permite conocer si se trata de células displásicas o precancerosas, o bien de células cancerosas.

Entre las posibles afectaciones precancerosas habituales podemos mencionar la leucoplasia, caracterizada por la formación de parches blancos y espesos, la eritroplasia, presencia de un área roja plana o levemente elevada que al ser raspada suele sangrar con facilidad, o la eritroleucoplasia en la que se produce una mancha con áreas rojas y blancas. Estas alteraciones deben mantenerse cuidadosamente controladas para prevenir que puedan derivar en una alteración cancerígena.

Según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), la tasa de supervivencia general del cáncer oral y de faringe a los cinco años se sitúa entre el 50 y el 60% en mujeres, y por debajo del 40% en hombres, un porcentaje bastante reducido debido principalmente al retraso en la detección de la lesión cancerosa. En más de la mitad de los casos el diagnóstico se produce en estadios avanzados, por lo que la prevención y el diagnóstico precoz en estadios iniciales siguen siendo los objetivos primordiales en el tratamiento de estos pacientes.

Los profesionales de la odontología son en muchas ocasiones quienes pueden detectar estas alteraciones, por lo que es fundamental llevar a cabo revisiones bucodentales periódicas, como las que desde Lura Care llevamos a cabo de forma gratuita en residencias geriátricas y centros para personas con diversidad funcional, dos colectivos que a menudo no acuden o no pueden acudir al dentista de forma regular.

Y en los casos en los que efectivamente se detecta la presencia de un cáncer oral en estas personas, es necesario un abordaje holístico mediante una estrecha colaboración entre odontólogos, oncólogos y geriatras, tanto a nivel médico como de apoyo emocional de los pacientes, que nos permita garantizar que proporcionamos el mejor tratamiento posible para estos colectivos de especial sensibilidad.

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